
AMIGOS
Y fue el astado
el que siguió sus pasos,
por el verde campo
de trigo cimbreante.
Con la testuz su cuerpo
iba empujando,
no quería que se quedara rezagado.
Y así jugando uno y otro,
llegaron de noche a la estacada,
y en el trigo cimbreante descansaron.
La luna esclareció su mente,
emprendiendo al alba su camino.
Sus cuerpos desprendían vapor
húmedos por el rocío.
El uno al otro,
ya no le dio más capotazos,
quedando indultado su destino.
Inés Mª Díaz
No hay comentarios:
Publicar un comentario